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Rafael

El nombre proviene del hebreo y significa “Dios sana”, “Dios ha sanado” o “medicina de Dios”.  Y dice el Libro de Tobías que fue enviado por Yaveh para acompañar a Tobías, hijo de Tobit, a un largo y arduo peregrinar, a un viaje incierto para conseguirle esposa al joven. La afortunada elegida era Sara. Pero Sara tenía un problemilla y era que un demonio estaba enamorado de ella y mataba a cuanto pretendiente se le acercaba. Vamos, que Sarita tenía un gafe importante. Pero al niño Tobias se le había metido entre ceja y ceja la joven, bella y piadosa Sara. Y entonces Yaveh le dijo a Tobit:

  • Escúchame, Tobit, con la de muchachas bonitas que hay por aquí, ¿tiene que ser esa Sara? Quillo, es que tu hijo es el niño de la pluma. ¿No sabe tu hijo que un demonio llamado Asmodeo se ha cargado ya a siete pretendientes de la tal Sara?
  • Ya lo sé, Padre, pero es que no sabe usted la que me queda a mí de aguantar al niño como no le ayude a ir a por ella.
  • Está bien, haré que alguien le acompañe para que le proteja. Pero una cosa te voy a decir, cuando escribas el libro ese que me has dicho que vas a escribir, no vayas de dejar de hablar de él.
  • No lo haré Padre, le doy mi palabra de honor que no sólo tendrá un sitio de honor en mi libro sino que será el protagonista.

 Y efectivamente, el Libro de Tobít se argumenta con la presencia de Dios en las relaciones familiares, expresadas en el acompañamiento que el arcángel Rafael hace a Tobías, un jovencito cargado de fe, que busca a su esposa y que finalmente se casa con ella tras sortear enormes dificultades con la ayuda del ángel enviado por Dios.

Pues bien, iba Tobías haciendo el camino, en busca de Sara y de repente se le apareció el arcángel Rafael en forma humana. Se presentó a Tobías como Azarías y continuó haciendo el camino junto a él. Y durante el camino, Azarías le cuenta a Tobías toda la historia de Sara y el peligro que le espera con el demonio Asmodeo. Al terminar de contarle la historia, Tobías se detuvo y se quedó mirando fijamente a Azarías, diciéndole:

  • ¡Sí, hombre, tú lo que quieres es que me pire y quedarte con Sara! Un demonio dice. ¿Qué se habrá fumado éste?

El arcángel Rafael pensó para sí mismo “pues es más tonto aún de lo que me habían dicho”.  Pero no desistió y le dijo:

  • Te hablo muy en serio. Tú escúchame. Debes pescar un pez y quemar su corazón y su hígado delante de Sara, justo en el momento en que aparezca el demonio Asmodeo. Éste aparecerá en la noche de bodas para matarte y que no puedas quedarte con Sara.

Tobías, más perplejo aún, le dijo a Azarías con guasita:

  • Vale, vale, ahora si eso me acerco al Tigris a ver si pillo alguno. Venga, hasta luego, colgado.

El arcángel pensó “¡menos mal que todavía no hay Twitter, si no éste le jode el libro al padre”.

Pues sí, Rafael, siempre Rafael, viniendo a rescatarnos de cualquier enfermedad del alma, haciéndonos llorar, siempre acompañándonos al Sena a pescar un pez para quemar su corazón y su hígado y así ahuyentar a los demonios Mariano Puerta en 2005, Roger Federer en 2006, 2007, 2008 y 2011, Soderling en 2010, Djokovic en 2012 y 2014, David Ferrer en 2013, Wawrinka en 2017 y hace tan sólo unas horas a Dominic Thiem. Once veces, once años haciendo que nos broten lágrimas a los españoles mientras vemos su cara de emoción mirando fijamente el izado de nuestra bandera, la de España.

Al leer la historia del arcángel Rafael entiendes que el bien y el mal siempre han librado una batalla cruenta. Y siempre lo harán porque son condiciones inherentes al ser humano. Siempre habrá un pobre diablo Asmodeo intentando hacer el mal, intentando sembrar odio sin una razón aparente, sin un motivo. Sin ir más lejos, hace unos días, uno de estos que no alcanzan ni la categoría de demonio, intentaban atacar a Rafael, a nuestro ángel Rafael. Pero hoy, el humo del fuego purificador del corazón y del hígado del pez ha vuelto a vencer. Y lo hará siempre porque el amor siempre vence al odio.

Se agotan las palabras para explicar lo que Rafael Nadal está logrando. Cualquier otra forma de hablar de ello que no fuera recurrir a una historia bíblica correría el riesgo de repetirse en varios medios. Porque ya no sabes cómo definir, cómo narrar, qué decir. Pero lo más hermoso de esta historia de amor entre Rafael y el éxito en el deporte no es realmente eso en sí. Lo más maravilloso es lo que transmite como ser humano, esa capacidad de superación, esa forma de mentalizarse y enseñarnos que todo es posible. Desde luego, es un verdadero orgullo para mí y seguro que para todos los españoles de bien, sentirse honrados por una gran persona que es D. Rafael Nadal.

Gracias, Rafa.

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