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Nada es casual…

Hace cuarenta minutos que he estado en el instituto en el que mi hijo estudia esa etapa de formación a la que el que la bautizó no tuvo su día de inspiración, desde luego. Y es que llamar ESO a unos estudios, no me dirán que suena como mínimo feo. ¡Qué bien sonaba EGB o COU!

Pues bien, resulta que el 1 de septiembre se jubiló el histórico director del centro, un señor de esos que me recuerdan a mi etapa de estudiante, una etapa en la que una sirena estridente nos indicaba que el recreo había finalizado. Por cierto, el invierno pasado estaba desayunando en una cafetería situada en las cercanías del instituto y de repente escuché una música clásica que procedía del centro. Pregunté y me dijeron que era la señal que indicaba que el recreo había finalizado. Según parece, los psicólogos dicen que esa sirena estridente puede provocar trastornos y estrés en el alumno. ¡Dios, ahora entiendo por qué suspendí lo que suspendí! Claro, la culpa era de la sirena que me estresaba. Seguro que mis compañeros que obtenían brillantes notas sabían eso y llevaban tapones para los oídos en el recreo.

Y volviendo a la jubilación del director, me decía el jefe de estudios hoy que Rufino era ese tipo de director que por las tardes se iba al instituto y lo podías ver cambiando fluorescentes, arreglando un grifo o preparando un brillante escrito para la Consejería de Educación. “Ni por asomo veremos a la directora que han nombrado para sustituirlo regalando un minuto de su tiempo al instituto“, son las palabras que el jefe de estudios ha compartido conmigo.

Sí, sí, ya sé que me van a venir con lo de los tiempos actuales y con lo de la conciliación del trabajo y la familia, y bla, bla, bla. Pero nadie me va a negar que aquella generación de los Rufino y compañía, es la generación que hizo de España un gran país. Aquella sociedad rebosaba salud mental e ilusión. Pero cometió un error: hacerle la vida demasiado fácil a sus hijos. Y esos hijos, que no miran atrás y que creen que lo que tienen lo merecen porque sí, han venido a traer una nueva generación capaz de ver un fluorescente tintineando, pasar junto a él y decir: “que lo arregle mañana el de mantenimiento, que para eso cobra”.

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